Teatro do Noroeste
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HISTORIAL

  • TÕTULO: LA CELESTINA (COMEDIA DE LOS LOCOS AMORES DE CALISTO Y MELIBEA)
  • AUTOR: Eduardo Alonso
  • Versi√≥n libre de La Celestina de Fernando de Rojas.
  • ESTRENO: 2000
  • REPARTO:
    Xavier Est√©vez (01.- Calisto) · Carlos Mosquera Mos (02.- P√°rmeno) · Xos√© Vilarelle (03.- Sempronio) · Luma G√≥mez (04.- Celestina) · Luisa Veira (05.- Elicia) · Bel√©n Constenla (06.- Are√ļsa) · Elena Atienza (07.- Melibea) · Equipo Taetro (08.- Escenograf√≠a e vestiario) · Chefa Alonso (09.- M√ļsica orixinal) · √ďscar Canal (10.- Dese√Īo gr√°fico) · Tino Viz (11.- Fotograf√≠a) · Bel√©n Arnejo (12.- Administraci√≥n) · Juan Udaondo (13.- Axudante de direcci√≥n) · Eduardo Alonso (14.- Drecci√≥n e dese√Īo de iluminaci√≥n)
  • RESUMEN:
    Calisto "El Colombiano" fue enviado por sus jefes de Medell√≠n a resolver un par de "negocios" a las R√≠as Gallegas. No tuvo suerte "El Colombiano" en estas h√ļmedas tierras; los dos encargos le salieron mal. EL primero consist√≠a en apretarle las clavijas a Moncho Falc√≥n, que andaba un poco lento en el sacrosanto deber de rendir cuentas. Cuando ya lo tenia acorralado se le escap√≥ de entre las manos, e en la persecuci√≥n se refugi√≥ en una galer√≠a comercial, precisamente en una florister√≠a; no iba Calisto a montar un esc√°ndalo, ‚Äúfierro‚ÄĚ en mano, en el medio de los geranios, de los claveles, de las margaritas, de los clientes..., de todas formas intent√≥ pillarlo y entr√≥ corriendo en el comercio, tirando cuatro macetas y destrozando varios ejemplares de ficus, que estaban en temporada. Fue echado de all√≠ con cajas destempladas por la dependienta. ¬°Nunca en su tierra una mujer le gritara! No lo permitir√≠a. ¬°Y mira tu!, se deja pisotear por una gallega que lo pone de nuevo en la calle, y sin pillar a Falc√≥n. Flores ‚ÄúMelibea‚ÄĚ, nunca se le olvidar√° el nombre de la tienda, ni la hermosa furia gallega. ¬°Como son de macho las mulleres de las R√≠as!, pens√≥ mientras caminaba de regreso al hotel. Y aquellos hermosos ojos enojados no se le desclavaban del pensamiento. O segundo encargo era m√°is complicado, a√ļn que podr√≠a resultar m√°s tranquilo: recoger las dos maletas con los cien quilos, cincuenta en cada una para ser exactos, e llevarlos de vuelta a Medell√≠n. Ya los ten√≠a en el hotel, ya ten√≠a el vuelo confirmado, en unas horas despegar√≠a rumbo a casa. Y Calisto, mientras est√° haciendo el tiempo en la habitaci√≥n del hotel, jugando una partida de cartas con los dos contactos en las R√≠as: Sempronio, el aprovechado y P√°rmeno, el fiel, les cuenta la aventura de la persecuci√≥n. No importa la huida de Falc√≥n, ya lo pillar√°n en otro viaje, pero aquellos ojos... aquella mirada rabiosa, aquella energ√≠a limpia y transparente... Como quedan algunas horas para el despegue e ya est√°n hartos de los naipes deciden, dada la hora, hacer una visita al local de Celestina a ver si tiene nuevo g√©nero. Celestina siempre tiene el mejor ganado de las R√≠as, y nada de colombianas, nativas de calidad, como mucho alguna portuguesa que siempre da un toque canalla. Celestina por complacer y por presumir y porque es verdad, le dice a Calisto que escoja a quien quiera de dentro o de fuera del local, que ella, Celestina, es capaz de poner a disposici√≥n de sus clientes el rub√≠ m√°s apreciado, incluso aunque est√© en el frontal de la corona de un rey, que por algo aprendi√≥ su oficio poni√©ndose al servicio de los jeques √°rabes all√°, en la Marbella. Y Calisto no lo duda y pronuncia el nombre, ese nombre que no fue capaz de borrar de su imaginaci√≥n: 'Melibea". ¬°No lo dijera! Ah√≠ comenz√≥ a tejerse la desgracia de Calisto, su fin. Efectivamente, Celestina consigui√≥ convencer a Melibea de que se citase con Calisto; efectivamente, entre los dos j√≥venes prendi√≥ una pasi√≥n incontenible, devoradora, solo igualada en las historias antiguas; efectivamente, Calisto perdi√≥ el vuelo de regreso a Medell√≠n y los cien quilos entre las manos de Celestina con la colaboraci√≥n de Sempronio y P√°rmeno, que algo tuvieron que ver en el asunto; efectivamente, los lejanos jefes no pod√≠an permitir que tal asunto quedara sin castigo. Y un d√≠a, de regreso de la cita con Melibea y sin causa aparente, Calisto cay√≥ de la Ponte Nova. Su destrozado cuerpo apareci√≥ casi irreconocible en el vial. Melibea no lo pudo superar. Los grandes amores, si terminan mal, son aun m√°s grandes si cabe. Celestina pretendi√≥ quedarse con todo el beneficio de este singular negocio, pero no era su d√≠a: Sempronio y P√°rmeno dieron buena cuenta de ella. Y as√≠ termina esta historia, para aviso de enamorados excesivos, alcahuetas desalmadas y malos amigos. Ya la ha contado de otro modo y en castellano antiguo el converso Fernando de Rojas, pero, como es sabido, las buenas historias se repiten siempre, nunca damos aprendido.

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